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CRISTO VIENE

CRISTO VIENE

sábado, 15 de agosto de 2015

LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN

  • Las puertas del infierno no prevalecerán
Nuestro Señor Jesucristo preguntó a sus apóstoles, diciendo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:13-16, VRV 1960). Jesús declaró: “sobre esta roca –o sea, sobre la verdad que has dicho– edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18, VRV 1909).
Sabemos que Cristo es el Hijo del Dios viviente, que Cristo es el fundador y fundamento de la Iglesia, que la Iglesia es una institución divina y combatida por el infierno. La Iglesia siempre ha vencido y seguirá venciendo, porque la Iglesia es de Cristo y Él es invencible.
• A lo largo de la historia, Satanás ha usado muchas tácticas para destruir la Iglesia. Al principio su táctica fue de abierta y declarada oposición, y persecución a muerte a nombre del emperador romano. Las privaciones y torturas fueron impuestas a los cristianos, las mazmorras y catacumbas se llenaron de cristianos perseguidos, las hogueras y las llamas calcinaron los cuerpos de los cristianos, las fieras devoraron a los seguidores de Jesucristo, la sangre de los cristianos corrió como ríos. Pero todo fue inútil, donde moría un cristiano se convertían diez paganos. La Iglesia venció, las puertas del infierno no prevalecieron.
• Satanás cambió de táctica, en vez de seguir persiguiendo a la Iglesia desde afuera se metió dentro de la Iglesia. En el siglo III el emperador Constantino hizo profesión de fe cristiana, el ejército imperial fue bautizado en masa, los ricos, los grandes, los potentados, todos querían llamarse cristianos; y claro está, el llamarse cristiano vino a significar muy poco, pues, vino a ser una mera profesión convencional, sin un precio que pagar, sin una transformación que experimentar. Le fue fácil a Satanás tomar el control de la Iglesia, y entonces es que surgen las jerarquías: el clericalismo, el papado, la gloria mundanal, y la fuerza política en la Iglesia.
Satanás logró dividir el cuerpo de la Iglesia en dos grupos: el clero, la poderosa minoría que todo lo controló hasta el alma del feligrés; y la feligresía que quedó inactiva, ya nada podía hacer, ni siquiera orar, pues le escribían las oraciones para que las rezaran. Ya Satanás logrando el control de la nueva maquinaria de la Iglesia, ahora volvió a perseguir a los verdaderos cristianos con la llamada Santa Inquisición.
Cuando había cristianos valientes que no se plegaban ni se doblaban a la nueva autoridad jerárquica y mundanal de la Iglesia eran perseguidos. Tenían que huir, esconderse, vivir en cuevas y catacumbas, perseguidos por esta iglesia apóstata, embriagada de la sangre de los santos y de los mártires de Jesús. El control era absoluto, reinó la edad del oscurantismo hasta que un día un fraile leyendo la Biblia le iluminó la verdad evangélica y clavó 95 tesis en la puerta de su iglesia en Winterberg, Alemania; y desde su púlpito comenzó a predicar el Evangelio y surgió el gran movimiento de la Reforma. Tampoco desde adentro pudo Satanás destruir la Iglesia de Jesucristo. La Iglesia venció, las puertas del infierno no prevalecieron.
• Viéndose derrotado, Satanás cambió de táctica, se metió a intérprete de la Biblia y a teólogo, y comenzaron a surgir doctrinas erróneas, doctrinas de demonios. Pero a pesar de que siempre hay quienes escuchan y siguen a espíritus de error y a doctrinas de demonios, la verdadera Iglesia de Jesucristo, los que son guiados por la Palabra de Dios y por el Espíritu de Dios, conocen la voz inconfundible de Dios. Y la verdadera Iglesia del Señor solo obedece a la Palabra de Dios y se mantiene sin claudicar, invencible ante la marejada diabólica de doctrinas erróneas. La Iglesia venció, las puertas del infierno no prevalecieron.
• Y todavía Satanás viendo que no ha podido vencer a la verdadera Iglesia de Jesucristo con doctrinas de demonios y con espíritus de error, ha tomado las doctrinas fundamentales de la Biblia para imitarlas y por consiguiente para desacreditarlas. Toma la doctrina gloriosa y la experiencia maravillosa del bautismo en el Espíritu Santo, cuya señal física e inicial del creyente es hablar en otras lenguas conforme el Espíritu los conceda. Satanás las imita poniendo sus instrumentos para hablar en lenguas, así logra engañar a algunos y tiende a desacreditar la verdadera doctrina. Hay muchos que dicen haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo y hablan en lenguas, pero sus vidas no han cambiado.
También Satanás imita los dones milagrosos del Espíritu Santo, especialmente el don de profecía. El don de profecía es declaración sobrenatural ungida e inspirada por el Espíritu Santo en el idioma vernáculo; el propósito de este don es para edificación, exhortación, y consuelo de la Iglesia (1 Co. 14:3). Hay los que dicen ser profetas o que tienen el don de profecía, pero son movidos o por su propio espíritu o por un espíritu de error, y con esa falsa y engañosa profecía dan mensajes completamente contrarios a las claras enseñanzas de la Palabra de Dios. Pero no importa toda la nauseabunda imitación de Satanás, los verdaderos cristianos que tienen conocimiento bíblico y discernimiento del Espíritu Santo no se dejarán engañar. La verdadera Iglesia de Jesucristo vence, las puertas del infierno no prevalecerán.
• Otro modo como Satanás ha querido destruir la Iglesia de Jesucristo es por medio de la mundanalidad y de las modas indecorosas. Pero aunque hay muchos que han sido arrastrados por esta avalancha diabólica, hay otros en la Iglesia de Jesucristo que no han doblado sus rodillas ante la diosa mundanalidad y moda, y se mantienen viviendo vidas puras por dentro y por fuera. La verdadera Iglesia de Jesucristo vence, las puertas del infierno no prevalecerán.
Ampliados:
Satanás logró dividir el cuerpo de la Iglesia en dos grupos: el clero, la poderosa minoría que todo lo controló hasta el alma del feligrés; y la feligresía que quedó inactiva, ya nada podía hacer, ni siquiera orar, pues le escribían las oraciones para que las rezaran. Ya Satanás logrando el control de la nueva maquinaria de la Iglesia, ahora volvió a perseguir a los verdaderos cristianos con la llamada Santa Inquisición.

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